El cuarto de reflexión


El cuarto de reflexión, también llamado cámara negra es donde durante el proceso iniciático nos encontramos de pronto con la muerte. La muerte, esta gran incógnita, suprema enigma, todo y todos lo que nacemos, nos lo dice el Bhagavad Gita tendremos que morir. La vida es una preparación, al menos debería serlo, para la muerte ya que aquí en este mundo todo es transitorio y pasajero. Lamentablemente el trajinero y las ocupaciones de la vida mantienen a la mayoría de la gente muy absorbida y entretenida, pocos hacemos esta reflexión. La primera pregunta que aparece en la Torá es el famoso “ayéka”/ אַיֶּכָּה ”¿Dónde estás?”, la enigmática pregunta existencial que le hace D-ios a Adam HaRishón, todos y cada uno, en algún momento de nuestra vida alguien o nosotros mismos nos la tendremos que hacer. ¿Dónde estás? ¿Dónde estás parado? ¿De dónde vienes? y ¿adónde vas?

Tarde que temprano tendremos que hacer un alto y reflexionar sobre nuestra situación, vernos al espejo, ver nuestro reflejo que de ahí procede la etimología de la palabra reflexión. Muchos para reflexionar, meditar nos tenemos que apartar del mundanal ruido, darnos un tiempo, un espacio. A veces precisamos así como los adolescentes encerrarnos en nuestro cuarto para estar solos, estar tranquilos porque sólo así se puede pensar, estando solos con nosotros mismos. En hebreo meditación se dice “hitbodedut”/ התבודדות y se relaciona con la palabra “bedidut”/ בדידות /soledad y hay momentos en los que tenemos y debemos estar solos para poder pensar con claridad, también hacer una autoevaluación de nosotros, de nuestros actos de ahí que la palabra rezar en hebreo se dice “lehitpalel”/ להתפלל de la raíz verbal “palal”/ פלל / juzgarse, evaluarse y el reflexivo “lehit”/ להת . Rezar contrariamente a la opinión más difundida no es hacer un sinfín de peticiones vacías al aire sino juzgarse, autoevaluarse, hacer una pausa y ver en donde estamos parados y adonde vamos. Muchas de las respuestas no están afuera, están dentro de nosotros.

El Cuarto de Reflexión en la Masonería es como el centro de la Tierra, es como regresar al “rejem”/ רחם , al vientre materno, a la matriz por algo a la Tierra se le suele llamar la Madre Tierra porque de ahí somos, de ahí venimos y ahí hemos de volver. “Ki afar atá ve-al afar tashuv”/ “ כִּי עָפָר אַתָּה וְאֶל עָפָר תָּשׁוּב ”porque polvo eres y al polvo volverás” le dice D-ios a Adam, todos los humanos venimos del “humus”, del suelo de la tierra, del barro, de la “adamá”. Y todos tendremos que morir, la última mitzvá, el último precepto que todos realizaremos es fertilizar a la tierra, descomponernos y hacernos uno con ella. En el Tarot como nos da miedo esta carta número 13 cuando vemos el esqueleto o la calavera y ciertamente el arcano nos habla de destrucción, pocas veces significa una muerte física como tal pero sí el final de algo, una destrucción, un cambio necesario para llegar a la luz que al fondo se vislumbra, para llegar a la transformación, la transmutación y hasta la resurrección y renacer de la denominada “tehjiat ha-metim”/ תחית המתים /resurrección de los muertos cuya guematría 1313 reducida nos da 8, el número de lo supra natural de la trascendencia, del infinito. Para llegar a esto, hay que primero pasar por el Sheól/ שאול (Shin-Alef-Vav-Lamed) = 337 = 13 curiosamente el mismo valor númerico de la carta de la Muerte en el Tarot, morir es reunirnos con el Ejad/ אחד (Alef-Jet-Dalet) = 13, regresar al Uno y Unico, a la Fuente de la creación.
La Iniciación, el viaje iniciático es en si un regresar simbólicamente a la Matriz o Vitriolum que en latín es: “Visita Interiore Terrae Rectificando invenies occultum lapidem universalem medicinam” o "Visitabis interiora terrae, rectificando, invenies occultum lapidem, veram medicinam", que significa "Visitarás los interiores de la tierra, rectificando, encontrarás la piedra oculta, la verdadera medicina", la luz, el elixir de conocimiento. En esta matriz se encuentra este verdadero Grial que según Fulcanelli es el mismo iniciado, la copa o “kos”/ כוס en hebreo suma 86 al igual que Elohim/ אלהים y precisamente en el proceso iniciático debemos aprender a encontrar nuestro Dios interior por eso se nos venda los ojos para ver adentro introspectivamente. “Kos”/ כוס con otra vocalización se convierte en “kus”, la vagina, el interior de la Tierra, el Cuarto de Reflexión, la muerte y renacimiento a una nueva vida. Fígurativamente renacemos como niños “yeled”/ ילד (Yud-Lamed-Dalet) = 44 = 8, el Aprendiz será este niño, verdaderamente piedra a desbastar, pulir y esculpir para que posteriormente pueda trascender hacia el 8, el infinito que es la única frontera de la Masonería. Todos en algún momento tendremos que volver al “rejem”/ רחם (Resh-Jet-Mem) , a la matriz que suma 248 = 5, igual que “mot”/ מות /muerte (Mem-Vav-Tav) = 446 = 14 = 5.

“Sheól”/ שאול procede etimológicamente del verbo “lishol”/ לשאול /preguntar y nadie sabe qué hay realmente después de la muerte, es la gran incógnita, la suprema pregunta que sólo se podrá contestar una vez que hayamos vuelto a la fuente, al “Ayín”/ ע y por fín se nos abrirán nuestros “enayim”/nuestros ojos, ahí será cuando obtengamos plenamente el conocimiento profundo de “daat” en cuyo corazón y centro está la letra “Ayìn”, ahí encontraremos al Sod/ סוד / (Samej-Vav-Dalet) , al secreto de los secretos, palabra que al igual que la letra Ayìn/ ע suma 70. Para llegar a buen puerto el Iniciado, el que se digna a emprender un viaje, un viaje adentro de si mismo, éste tendrá que tener mucha fuerza, “oz”/ עז / (Ayin-Zaín) = 77, abrir sus “enenayim”, sus ojos bien abiertos, querer volver a la Fuente y usar sus herramientas, sus armas (Zaín/ ז) porque se necesita mucho coraje y fuerza de voluntad para llegar adentro de nosotros, conocernos a nosotros mismos que es una de las principales metas y deberes de esta vida.

Tenemos que conocer, amar y servir a D-ios, amar a nuestro prójimo, a la Humanidad, sentirnos uno con ella, servir también a los demás ya que nadie vive y nadie debe vivir para si, somos parte de un todo pero tenemos que amar al otro, al que es como nosotros pero amarnos y conocernos a nosotros mismos. Somos un Universo, nos tenemos que ver como Uno que somos. En la vida tenemos que reflexionar que hay algo más que la materia, que el dinero, que el poder, hay que reflexionar acerca de nuestra misión, de nuestro propósito, es preciso saber en dónde estamos parados, buscar y encontrar el sentido, el Logos que según el psiquiatra austríaco Viktor Frankl el hombre más que todo necesita hallar un sentido a su vida, saber que no es producto de la casualidad, que en este aparente caos que nos rodea, hay un orden, Ordo ab Chao, del caos tiene que surgir un orden, tenemos que ordenar nuestros pensamientos, recapacitar en lo que realmente somos, la Masonería nos ofrece la posibilidad de emprender esta reflexión, nos abre la puerta hacia un camino de auto descubrimiento. To be or not to be, that is the question/ Ser o no ser ahí está la pregunta, hay que atrevernos a ser, a pensar, a reflexionar que es lo propio del ser humano en comparación con los animales. Hay que dejar de vivir como el “jamor”/ חמור , el asno o burro pegado al “jomer”/ חומר , a la materia que sólo ve hacia abajo, lo material y sólo se interesa por el pasto y la comida, nosotros somos algo más, somos seres pensantes. Como solía decir Descartes: “Je pense donc je suis”/“Cogito ergo sum”/ pienso, cavilo luego existo” por eso es importante pensar, reflexionar que hay algo más que la materia, tenemos que dejar de vivir como animales o dejar de seguir como borregos, atrevámonos a ser, a pensar, a reflexionar, a analizar, a opinar, atrevámonos a ser seres humanos.

Marcel Leo Léger

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